Los abogados, nos hemos visto usualmente relegados bajo el estereotipo de ser únicamente profesionales que se dedican al estudio de las leyes; sin embargo, el mundo en el que vivimos exige mucho más de un abogado, pues para poseer éxito verdadero, no se necesita únicamente un conocimiento teórico del caso, ya que las habilidades comunicativas del abogado muchas veces llegan a ser el punto de inflexión decisivo para la decisión del tribunal arbitral.

Históricamente, los abogados hemos sido conocidos y caracterizados por un dominio del conocimiento técnico jurídico (Fernández León, 2014), razón por la cual, la capacidad de estudio y análisis fueron esenciales en el desarrollo profesional; sin embargo, esta situación ha llevado al abogado a una labor mecánica jurídica donde se deja de lado todo lo relativo al manejo del público y por sobre todo, de sí mismo, en el cual juegan un papel fundamental el manejo de la comunicación no verbal, esto ligado también al uso de las emociones en beneficio propio.

Erróneamente, se cree que el proceso de comunicación implica únicamente emitir un mensaje; es decir “hablar”, en palabas simples, pero va mucho más allá de esta limitada concepción. Un proceso de comunicación, nos sirve para poder realizar un adecuado intercambio de datos entre los individuos, de manera que se pueda enviar un determinado mensaje y que éste sea adecuadamente interpretado (Briceño, s.f.). Aquí, precisamente, es donde muchos abogados fallan, pues el proceso comunicativo ha fracasado si es que el mensaje que se intentó transmitir no es exactamente el mismo que le llegó al receptor.

En una audiencia de litigio arbitral, los involucrados participan activamente en un proceso comunicativo. Los abogados, tanto demandantes como demandados, resultan ser los “emisores”, mientras que los árbitros que conforman el tribunal son los “receptores”; y circula entre ellos un mensaje. (Malca Vargas, 2019)

La forma habitual en que se maneja una audiencia oral, demuestra que los abogados concentran únicamente su atención en el contenido del mensaje y no así en la forma en que se expresa el mismo, omitiendo aspectos realmente relevantes del proceso comunicativo, tales como el uso de su cuerpo, voz y emociones (el medio físico a través del cual se emite el mensaje) y la habilidad para manejar sus recursos expresivos (el conjunto de signos con el que se comunican emisor y receptor) (Malca Vargas, 2019).

Adquirir destrezas para la audiencia no aplica exclusivamente a las técnicas jurídicas, sino también comprenden herramientas comunicativas. En este sentido, es altamente recomendable poseer técnicas verbales y no verbales que conlleven a un verdadero impacto en los árbitros y en consecuencia persuadan de acuerdo a lo planeado; sin embargo, no basta con adquirir la técnica correcta, se requiere también, con igual o incluso mayor peso, que el profesional litigante sepa manejarse a sí mismo dentro del proceso.

Si bien es fácil conocer las herramientas necesarias para llevar a cabo una audiencia exitosa, de igual manera el abogado debe poseer un absoluto control de sí mismo. Lo que implica desarrollar también destrezas provenientes del comportamiento, como por ejemplo: una comunicación no verbal asertiva, la capacidad de enfoque, el análisis psicológico de los testigos para su preparación y una administración emocional óptima. (Salto, s.f.)

Dentro de un proceso de litigación arbitral el hecho de saber expresar la emoción correcta, en el momento correcto y de una manera voluntaria, podría significar el elemento que marque diferencia a la hora de persuadir. En el caso de un examen directo necesitamos emociones más bien calmas y mantener una actitud emocional de acogimiento y guía para nuestro testigo. Por el contrario, al realizar un contrainterrogatorio, sin llegar a intimidar al testigo, el litigante requiere habilidades emocionales que le permitan controlarlo. (Salto, s.f.)

Por otro lado, en el caso de los alegatos se requiere un dominio maestro de sus emociones, al punto de poder conectar con ellas voluntariamente y así transmitir su mensaje de manera correcta y efectiva, encaminada para que los árbitros vivan esa emoción generando la empatía necesaria que vaya acorde con la teoría del caso. (Salto, s.f.)

De igual manera, existen unos actores secundarios pero vitales respecto al convencimiento que se piensa ejercer en el árbitro. Ellos son los testigos, estos son cruciales en muchas ocasiones y pueden determinar el rumbo de convencimiento de los árbitros.

Además del manejo de sí mismos, de los abogados, es necesario y crucial apoyar emocionalmente al testigo, desde el momento que se lo prepara para la audiencia. El testigo puede saber mucho del caso y ser un aporte fundamental, pero si su emocionalidad le traiciona al momento de brindar testimonio, más bien podría llegar a ser perjudicial su participación, arruinando el caso.

En resumen, las emociones administradas efectiva y asertivamente pueden ser un aliado crucial o el peor enemigo a la hora de manejarse dentro de un proceso tan complejo como lo es la oralidad.

Nos encontramos en un mundo altamente competitivo, donde las destrezas y técnicas jurídicas ya no pueden limitarse al uso de la teoría del caso, es necesario innovar y ser dinámicos en el desarrollo de la audiencia, de modo que el abogado genere convencimiento no solo con sus palabras, sino con la forma de llegar al público receptor.

Es momento de dejar de lado los estereotipos del abogado promedio, que muchos de nosotros lo hemos visto en algún momento de nuestras vidas. Donde parecería que gana ventaja quien grita más o quien es más agresivo en su forma de expresarse; sin embargo, todo lo contrario, generar autoridad y seguridad no es lo mismo que mostrarse de una forma agresiva frente al contrincante y árbitros. Las emociones, el tono de voz deben ser manejados de manera que realmente repliquen el mensaje que se intenta transmitir.

Por último, resaltar que esta concepción del abogado teórico se arrastra desde la Universidad, porque poco o nada se trata y desarrolla el tópico de la oralidad y las habilidades comunicativas que deberían ser el punto de inicio de todo estudiante de Derecho; es por eso, que posteriormente vemos como resultado abogados que no saben manejarse dentro de la audiencia.

Al ser el arbitraje un método de solución de controversias mucho más expedito que la vía ordinaria, los abogados deben administrar de forma valiosa el tiempo que emplean frente a los árbitros, generando la impresión adecuada y por sobre todo lograr que el mensaje llegue correctamente, sin dar lugar a distintas interpretaciones, ni dudas sobre el contenido del mismo.

En este sentido, los abogados poseemos la gran tarea de mejorar nuestras propias habilidades comunicativas para generar un mejor y mayor impacto en cada audiencia donde nos presentemos y así también incorporar estas prácticas dentro de los estudios de los futuros abogados, para que las siguientes generaciones puedan poseer destrezas relevantes en el ámbito laboral.

Autora:

Mariana Campero Aguirre
Licenciada en Derecho por la Universidad Privada Boliviana.

Bibliografía

Briceño, G. (s.f.). Obtenido de https://www.euston96.com/proceso-comunicativo/

Fernández León, O. (2014). Legal Today. Obtenido de Inteligencia Emocional y Abogados: Cuando las Emociones Suman: https://www.legaltoday.com/opinion/blogs/gestion-del-despacho-blogs/blog-manual-interno-de-gestion/inteligencia-emocional-y-abogados-cuando-las-emociones-suman-2014-09-11/

Malca Vargas, M. M. (2019). Comunicación Persuasiva para el Litigio Arbitral la Técnica del Actor al Servicio del Abogado. Perú.

Salto, S. d. (s.f.). El Impacto Emocional en la Audiencia. Obtenido de https://www.loelitigacion.com/2017/01/03/el-impacto-emocional-en-la-audiencia/